lunes, 14 de septiembre de 2009
Turismo de aventura infantil en Lunahuaná
sábado, 1 de agosto de 2009
Ahora en Puno
A Puno llegamos (uso el plural porque estuve en un bus con más gente) algo más allá de las 22:00 horas. El frío es fuerte, pero no he sentido algo distinto a lo que normalmente se sentía aquí. El aire frío del altiplano penetra, purificándola, el alma.
El trayecto es realmente muy impactante. El cielo límpido y estrellado reconforta los ojos andinos afincados en Lima la lúgubre. No hay duda, viajar es un tónico de purificación.
Estoy en un café internet (Chozanet) en el Jirón Lima, una calle peatonal, el centro del movimiento de esta ciudad. He buscado el local de un viejo amigo, Apu Salkantay, pero ha cerrado y, según me indicaron, habría abierto otro llamado Coca K'intu. Espero encontrarlo mañana en los pocos momentos libres que me dará el curso a dictar. Los Bancos se han apoderado de grandes casonas en ese jirón y, por lo que veo, el turismo ha bajado (debe ser la crisis internacional).
Aquí, telúricamente, me siento como en casa, a pesar de la "rivalidad" entre cusqueños y puneños. Hay más semejanzas que diferencias. Es más, en mi última visita al Cusco, un primo me contaba que el turismo al Cusco proviene, fundamentalmente, de dos ciudades: Lima y La Paz. Vuelve a cobrar sentido lo de centro del mundo, pues el Qosqo está entre esos dos polos, más cerca cultural y geográficamente a La Paz, aunque políticamente unido a Lima (que se va acercando al sur por la fuerza e ímpetu de los migrantes que la pueblan). Por eso sigo sin entender, por ejemplo, esos chauvinismos trasnochados que hacen que se presente una danza puneña como "Llameros" y su versión boliviana "distorsionada" como "Llamerada" (esto me recuerda a la broma aquella de la niñez influida por ese chauvinismo en el que se dividía el Lago Titicaca, entre los hispanohablantes, en Titi para un lado y Caca para el otro, absurdos que tristemente se perennizan). Creo que habría que empezar a entender nuestras semejanzas, sin dejar de lado nuestras diferencias, dejando de lado las artificiales fronteras que nos dividen.
En fin, como decía, en Puno me siento como en casa, desde su aire, sus cerros, pasando por el utero materno que es el Lago Sagrado.
viernes, 24 de julio de 2009
He visitado Paucartambo
Por último, para mí, las super estrellas, los Qapaq Qolla.
lunes, 1 de junio de 2009
El viaje por tres países en un día
El vuelo que nos llevó hasta la capital del departamento de Madre de Dios partió a las 8:25 horas, con escala en Cusco, y llegó un poco después de las 11:00 horas. Cuando el avión empieza el descenso y el piloto de la nave anuncia el pronto aterrizaje, la maravilla empieza a anunciarse en imágenes distantes pero profundas: abundante vegetación (aunque con grandes espacios que nos muestran la deforestación inminente de considerables zonas de esa selva), los ríos enormes y turbios que la recorren calmos, majestuosos, imponentes.
El aterrizaje se produce y esa inmersión en la selva es como un embrujo momentáneo. El avión va traslándose hasta su destino final y uno puede apreciar a través de la ventanilla diversos aviones en desuso, casuchas que deben servir de depósitos; luego de recorrer la considerable distancia entre la pista de aterrizaje y el propio aeropuerto (cosa bastante llamativa), el avión se estaciona frente a este y lee su carta de presentación: "Areopuerto Internacional Padre Aldamiz". Vaya que resulta pretencioso el bautizo de este terminal aéreo como "internacional", sin que esto signifique negar su atractivo.
Luego de recibir el equipaje pasé por la posta médica donde me ofrecieron la vacuna contra la fiebre amarilla y me la hice colocar, atendiendo a que los 10 años de vigencia de la anterior, ya habían vencido largamente. Desde el Aeropuerto un mototaxi cobra unos S/. 15 o 10 (aunque desde la ciudad al aeropuerto el costo es de S/. 7). Nos alojamos en el Hotel Paititi, un hotel en el que el costo de la habitación varía entre S/ 70 (con ventilador) y S/. 120 (con aire acondicionado). Opto por una habitación con ventilador. El olor a humedad en la pieza es evidente y hasta bochornoso. Me voy a dar una vuelta por la ciudad, quiero recorrerla caminando y pregunto por la Plaza de Armas. Me enrrumbo hacia ella y me encuentro con las calles y avenidas que, aunque amplias, empiezan a mostrame el rostro más triste de esta ciudad: la pobreza. Es, aunque hermosa, una ciudad pobre y la pobreza extravía de nuestros sentidos (la hace invisible) esa hermosura. El calor no se nota, la temperatura es de apenas 23ºC; un friaje leve para los residentes en esta ciudad.
Regreso al hotel, cerca de la hora del almuerzo y vamos con mis colegas a buscar un restaurante. El mototaxista nos lleva a "El Embarcadero" (después me informaron que este lugar fue construido con el afán de que fuera el embarcadero principal de la ciudad, pero que no funciona). Nos encontramos con una vista maravillosa de la selva y el río Madre de Dios, imponente boa que se arrastra lenta, sagradamente. ¡Cómo el Perú se da el lujo de desperdiciar todo esto! No se entiende o quizá sí, pues se trata de un país que vive desde Lima y de espaldas a él.
Concluido el curso, el sábado 30 de junio, quise conocer la frontera del Perú con Brasil. Muy temprano, a las 5:30 de la mañana partí en un "colectivo" (costo de S/. 40,00), desde Puerto Maldonado rumbo a Iñapari (o Inambari), ciudad peruana de frontera. Para ello, era necesario, ante todo, atravesar el gran río Madre de Dios, para lo cual se recurre a las precarias balsas que ofrecen sus dueños para ello.
Luego de desembarcar en la otra orilla y de un recorrido aproximado de una hora en una carretera de tierra, se llega a la carretera Interoceánica (ya asfaltada). Esta carretera es realmente hermosa pues está rodeada de selva y el verdor acompaña todo el trayecto, con la intermitencia de los ríos que la circundan o las poblaciones que van desarrollándose.
Poco después se llega a la población de Inambari (o Iñapari) y la situación es muy semejante, pero de allí se llega rápidamente a la frontera. Tal vez por ello, no se nota demasiado la ciudad. Hay que realizar los trámites ante Migraciones en un puesto cuya infraestructura es muy similar a las de muchas comisarías en el país: simples, austeras, descuidadas incluso. La atención fue muy respetuosa y los policías, aunque no precisamente amables, si atentos y diligentes. En ese momento los peruanos bilingües que nos cambiaron moneda nacional por Reales brasileros (tipo de cambio: venta S/. 1,4 por Real y compra S/. 1,3 por Real) nos entregaron al taxista brasilero cuya vestimenta y vehículo daban cuenta, sin lugar a dudas, que estábamos entrando a un país distinto. No quiero decir que el hombre no fuera pobre, sino que, por lo menos, sus ingresos sustentan un mejor medio de trabajo y un mejor trato personal.
Pero el recorrido rápido por sus calles fue placentero por completo, con la garúa que acariciaba el rostros de los caminantes.
Y aunque sus recursos naturales o sus paisajes no seas los mejores, los aprovechan indudablemente. Me encontré con este malecón que da al Río Acre, cuidado meticulosamente, diseñado con arreglo al paisaje. Se trata solamente de ponerle color a la obra humana para que no desencaje de lo natural y aprovechar esos recursos permite también generar riqueza en la propia ciudad. ¿Qué sucedió con El Embarcadero en Puerto Maldonado que, sin lugar a dudas, rsulta más amplio y espectacular, no solo por la edificación sino también por el paisaje?
viernes, 6 de febrero de 2009
Apu Ausangate

Pico Lorito, 47 años, 5280 metros
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