lunes, 14 de septiembre de 2009

Turismo de aventura infantil en Lunahuaná

Creo que esta época es perfecta para hacer turismo de aventura incluso en compañía de los niños. La temporada es baja, pues, justamente, el río está con poca agua (es tiempo de secas en los Andes) y los riesgos, aunque presentes, son mínimos. Hay posibilidades incluso de terminar el paseo con un super refrescante baño en las aguas límpidas del río Cañete, uno de los pocos ríos que merecen ser llamados así en nuestra Costa.


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sábado, 1 de agosto de 2009

Ahora en Puno

Estoy en Puno, adonde he llegado por un curso que debo dictar. Llegamos a Juliaca a las 21:00 horas y, desde allí, enrumbamos hacia esta bella ciudad. Mi primera impresión (nocturna) de Juliaca es que ha crecido y se ha modernizado notablemente.
A Puno llegamos (uso el plural porque estuve en un bus con más gente) algo más allá de las 22:00 horas. El frío es fuerte, pero no he sentido algo distinto a lo que normalmente se sentía aquí. El aire frío del altiplano penetra, purificándola, el alma.
El trayecto es realmente muy impactante. El cielo límpido y estrellado reconforta los ojos andinos afincados en Lima la lúgubre. No hay duda, viajar es un tónico de purificación.
Estoy en un café internet (Chozanet) en el Jirón Lima, una calle peatonal, el centro del movimiento de esta ciudad. He buscado el local de un viejo amigo, Apu Salkantay, pero ha cerrado y, según me indicaron, habría abierto otro llamado Coca K'intu. Espero encontrarlo mañana en los pocos momentos libres que me dará el curso a dictar. Los Bancos se han apoderado de grandes casonas en ese jirón y, por lo que veo, el turismo ha bajado (debe ser la crisis internacional).
Aquí, telúricamente, me siento como en casa, a pesar de la "rivalidad" entre cusqueños y puneños. Hay más semejanzas que diferencias. Es más, en mi última visita al Cusco, un primo me contaba que el turismo al Cusco proviene, fundamentalmente, de dos ciudades: Lima y La Paz. Vuelve a cobrar sentido lo de centro del mundo, pues el Qosqo está entre esos dos polos, más cerca cultural y geográficamente a La Paz, aunque políticamente unido a Lima (que se va acercando al sur por la fuerza e ímpetu de los migrantes que la pueblan). Por eso sigo sin entender, por ejemplo, esos chauvinismos trasnochados que hacen que se presente una danza puneña como "Llameros" y su versión boliviana "distorsionada" como "Llamerada" (esto me recuerda a la broma aquella de la niñez influida por ese chauvinismo en el que se dividía el Lago Titicaca, entre los hispanohablantes, en Titi para un lado y Caca para el otro, absurdos que tristemente se perennizan). Creo que habría que empezar a entender nuestras semejanzas, sin dejar de lado nuestras diferencias, dejando de lado las artificiales fronteras que nos dividen.
En fin, como decía, en Puno me siento como en casa, desde su aire, sus cerros, pasando por el utero materno que es el Lago Sagrado.

viernes, 24 de julio de 2009

He visitado Paucartambo

Aunque en peregrinaje laico, estuvimos otra vez en Paucartambo. Llegamos al Cusco vía aérea, el día 15 de julio de 2009. Ese mismo día, a las 15:00 horas enrumbamos en el vehículo de mi padre hacia Paucartambo, a donde llegamos hacia las 17:30 horas.


Lo primero que hay que decir es que se ha avanzado con el anchado de la carretera en algunos sectores, lo cual es importante, pero sigue siendo insuficiente, toda vez que dicha carretera no solo debiera ser anchada en su totalidad sino, además, asfaltada. Sin embargo, es increíble cómo hasta la fecha esa carretera sigue siendo, en general, la vieja trocha que conozco desde mi infancia. Independientemente del viaje en medio de una nube de polvo, la llegada a Paucartambo es siempre mágica y la visión del Puente Carlos V es un bálsamo contra el cansancio.
En Paucartambo, hemos buscado, entre lo ya conocido, un acercamiento a experiencias nuevas. Estuvimos, gracias a la Mamá Haydeé, mi abuela, en el cargo de los Dansaq y de los Saqra. En la primera tuve la oportunidad de conocer a un pariente, Óscar Ravelo, un artesano que exporta los conocidísimos "Niños de la Espina" a Chile; la atención que recibimos fue simplemente magnífica. En el caso de los segundos, empiezo a entender que en esta fiesta se pierde, en algunos casos, el criterio de razonabilidad, pues nos pidieron, sin ambages, que nos retiremos, pues llegarían más invitados a los que necesitaban atender. Llegó incluso un flamante Ministro de Estado, presencia ante la cual los anfitriones se deshacen en atenciones. Y esto es más notorio en la danza de los Qapaq Negro, a la que solamente vi en las calles; y es que, claro, esta fiesta es una reproducción de la propia sociedad, asumiendo los integrantes de esta danza una cierta situación de jerarquía en la fiesta.


Sin embargo, mi hijo Damir, ajeno en su niñez a esas cuestiones , me jalaba a cada momento a observar más bien una danza que es considerada de las más "populares", por el origen de sus integrantes, ellos sí fundamentalmente paucartambinos y hasta residentes en esa pequeña ciudad . Se trata de los Chucchus, que representan a los enfermos de la fiebre amarilla.


En Paucartambo algo se ha hecho en obras urbanas como, por ejemplo, el malecón que aparece en la fotografía abajo.

Paucartambo, como siempre, una experiencia gratificante. Creo que, aprendiendo de experiencias distintas, en la fiesta de la Virgen del Carmen, mucha gente va para apreciar la belleza de las danzas y estas son imposibles de ver en su totalidad, por la absoluta dispersión de sus presentaciones. Quizá, como en Puno en la Fiesta de laa Virgen de la Candelaria, podría utilizarse las instalaciones del estadio para hacer una presentación total, y por turnos, de cada una de las danzas, lo que, además, podría generarle recursos a la Municipalidad Provicnial.

Por último, para mí, las super estrellas, los Qapaq Qolla.

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lunes, 1 de junio de 2009

El viaje por tres países en un día

El día jueves 28 de mayo último me fui, vía aérea, a Puerto Maldonado, por un encargo de capacitación de la institución en la que trabajo. Realmente esa ciudad, aunque tenía muchos deseos de conocerla, me fue esquiva por mucho tiempo. Ya está, la conozco. Y me gustó mucho la experiencia, pues realmente es una suerte inmensa que la patria que ¿queremos? ser tenga una maravilla como esta zona en su interior.

El vuelo que nos llevó hasta la capital del departamento de Madre de Dios partió a las 8:25 horas, con escala en Cusco, y llegó un poco después de las 11:00 horas. Cuando el avión empieza el descenso y el piloto de la nave anuncia el pronto aterrizaje, la maravilla empieza a anunciarse en imágenes distantes pero profundas: abundante vegetación (aunque con grandes espacios que nos muestran la deforestación inminente de considerables zonas de esa selva), los ríos enormes y turbios que la recorren calmos, majestuosos, imponentes.



El aterrizaje se produce y esa inmersión en la selva es como un embrujo momentáneo. El avión va traslándose hasta su destino final y uno puede apreciar a través de la ventanilla diversos aviones en desuso, casuchas que deben servir de depósitos; luego de recorrer la considerable distancia entre la pista de aterrizaje y el propio aeropuerto (cosa bastante llamativa), el avión se estaciona frente a este y lee su carta de presentación: "Areopuerto Internacional Padre Aldamiz". Vaya que resulta pretencioso el bautizo de este terminal aéreo como "internacional", sin que esto signifique negar su atractivo.



Luego de recibir el equipaje pasé por la posta médica donde me ofrecieron la vacuna contra la fiebre amarilla y me la hice colocar, atendiendo a que los 10 años de vigencia de la anterior, ya habían vencido largamente. Desde el Aeropuerto un mototaxi cobra unos S/. 15 o 10 (aunque desde la ciudad al aeropuerto el costo es de S/. 7). Nos alojamos en el Hotel Paititi, un hotel en el que el costo de la habitación varía entre S/ 70 (con ventilador) y S/. 120 (con aire acondicionado). Opto por una habitación con ventilador. El olor a humedad en la pieza es evidente y hasta bochornoso. Me voy a dar una vuelta por la ciudad, quiero recorrerla caminando y pregunto por la Plaza de Armas. Me enrrumbo hacia ella y me encuentro con las calles y avenidas que, aunque amplias, empiezan a mostrame el rostro más triste de esta ciudad: la pobreza. Es, aunque hermosa, una ciudad pobre y la pobreza extravía de nuestros sentidos (la hace invisible) esa hermosura. El calor no se nota, la temperatura es de apenas 23ºC; un friaje leve para los residentes en esta ciudad.



Luego de caminar unas cuatro cuadras por la avenida León Velarde, llego a la Plaza y me doy con un parque de un pueblo cualquiera, sin ningún atractivo especial, como construido porque sí, para justificar el nombre pomposo.

En medio de la Plaza hay un monumento extraño (aunque el denominado Obelisco, como un día después me mostraron, es la muestra mayor del sin sentido arquitectónico y de la indiferencia o mala onda de las autoridades de este lugar) y nada estético. Pero sí, es el lugar de encuentro de los habitantes de esta ciudad trajinada por mototaxis y motos lineales (muchas de ellas también de transporte público unipersonal).


Regreso al hotel, cerca de la hora del almuerzo y vamos con mis colegas a buscar un restaurante. El mototaxista nos lleva a "El Embarcadero" (después me informaron que este lugar fue construido con el afán de que fuera el embarcadero principal de la ciudad, pero que no funciona). Nos encontramos con una vista maravillosa de la selva y el río Madre de Dios, imponente boa que se arrastra lenta, sagradamente. ¡Cómo el Perú se da el lujo de desperdiciar todo esto! No se entiende o quizá sí, pues se trata de un país que vive desde Lima y de espaldas a él.

Tan de espaldas y tan antiguamente ajeno a sí mismo, que ese río enorme divide en dos la ciudad de Puerto Maldonado y tiene en sus aguas el monumento a la incompetencia, dos estructuras que tendría que haber sido el soporte del puente que uniera las dos orillas y que permitiría que esas dos poblaciones ajenas fueran una. Según me indicaron, este proyecto data de, por lo menos, 30 años atrás, tiempo durante el cual los materiales adquiridos para esta obra monumental, se han deteriorado hasta tal punto que hoy, tiempo en el cual se vuelve a pensar en esta necesidad, ya resultan obsoletos.

Y les narraba la historia de El Embarcadero y, claro, pueden apreciar en la imagen siguiente, la bonita edificación en la que hoy funciona el restaurante, en el que, por cierto, la carta no es muy variada ni, menos, amplia, pero, para colmo, es una suerte si se encuentra algo de lo que anuncia. Y es que, por impresionante que parezca, los muchos turistas que llegan a esta ciudad no pisan las calles de Puerto Maldonado, salvo para embarcarse en el embarcadero que más abajo les muestro. Mas ni por asomo se aproxima a lugares como este que podrían ser un boom comercial turístico, por lo atractivo del lugar y por la interesante propuesta gastronómica de ese sector de la selva.

¿No podrían aprovecharse esas lindas y coloridas terrazas para explotar la veta turística de esta ciudad? Sin embargo, la rapacidad de los oferentes del turismo en los denominados "lodge" y quizá la parsimonia de las gentes del lugar, han hecho de este prometedor lugar, un castillo abandonado desde el cual la gran boa se aprecia triste y silenciosa.

Claro que en lo que sí el Perú está presente es en los desfiles imperdibles. Y los estudiantes son educados en el férreo patriotismo de la disciplina cívico-militar, uno, dos, uno, dos, marchen, soldados, digo alumnos. A practicar que ya viene el desfile, no importan las horas de clase perdidas, no importan, el Perú os lo agradecerá.

Sin embargo, apreciando las instalaciones de la Universidad Nacional Amazónica de Madre de Dios (donde se dictó el curso), la esperanza me vuelve y pienso que quizá, a pesar de todo, el Perú es posible aún. La infraestructura de la ciudad universitaria causa buena impresión y creo que con un esfuerzo sostenido del Estado, los estudiantes de esa zona e incluso de otras, podrían salir graduados en profesiones afines a la zona (al menos en un principio) de facultades que les otorguen la educación superior cualitativa requerida en este tiempo.


Concluido el curso, el sábado 30 de junio, quise conocer la frontera del Perú con Brasil. Muy temprano, a las 5:30 de la mañana partí en un "colectivo" (costo de S/. 40,00), desde Puerto Maldonado rumbo a Iñapari (o Inambari), ciudad peruana de frontera. Para ello, era necesario, ante todo, atravesar el gran río Madre de Dios, para lo cual se recurre a las precarias balsas que ofrecen sus dueños para ello.

El vehículo (incluso dos) es transportado a través de las aguas turbias en un tiempo aproximado de cinco minutos. Aunque resulta placentero como aventura, lo cierto es que, para un país que se precia de estar en crecimiento constante y ser parte casi del mundo desarrollado, resulta muestra de cierta esquizofrena primitiva más bien.


Luego de desembarcar en la otra orilla y de un recorrido aproximado de una hora en una carretera de tierra, se llega a la carretera Interoceánica (ya asfaltada). Esta carretera es realmente hermosa pues está rodeada de selva y el verdor acompaña todo el trayecto, con la intermitencia de los ríos que la circundan o las poblaciones que van desarrollándose.

Ahora bien, en el recorrido que uno hace va atravesando diversas poblaciones (villorrios en realidad, pobres y poco urbanizados) como Mavila, Alegría, Alerta (que es el punto medio entre Puerto Maldonado e Inambari), San Lorenzo, Iberia. Un detalle curioso y muestra de esa clamorosa realidad que vivimos es que entre Mavila y Alegría la carretera se ve alterada por innumerables jibas (o rompemuelles), llegando incluso al número de 24 en una distancia de 2 kilómetros aproximadamente. Este detalle es realmente para aturdir a cualquier chofer, pues es tal la frecuencia de estos obstáculos que llegan a afectar los nervios. Y creo que el objetivo se podría haber alcanzado de alguna manera distinta.
La foto que cuelgo abajo es de la población de Iberia, una antes de la ciudad limítrofe. Esta imagen pertenece a una de las avenidas de acceso a la población. Como podrán apreciar, esa "ciclovía" es muestra de un retraso y abandono clamorosos.
La Plaza central de Iberia es un lugar amplio y bello, pero igualmente sin las condiciones mínimas de una población de este tipo: sus calles sin asfaltar, sus aceras descuidadas.

Claro que con el patriotismo infaltable en cada rincón del país y desfilando, de todas maneras, como buenos militares, quiero decir ciudadanos, entonando las letras del Himno Nacional. Quizá son cosas que no entiendo si comparo la relevancia de estas con la necesidad de una posta médica o un sistema educativo de calidad. Quizá se trata de valoraciones diferentes.


Poco después se llega a la población de Inambari (o Iñapari) y la situación es muy semejante, pero de allí se llega rápidamente a la frontera. Tal vez por ello, no se nota demasiado la ciudad. Hay que realizar los trámites ante Migraciones en un puesto cuya infraestructura es muy similar a las de muchas comisarías en el país: simples, austeras, descuidadas incluso. La atención fue muy respetuosa y los policías, aunque no precisamente amables, si atentos y diligentes. En ese momento los peruanos bilingües que nos cambiaron moneda nacional por Reales brasileros (tipo de cambio: venta S/. 1,4 por Real y compra S/. 1,3 por Real) nos entregaron al taxista brasilero cuya vestimenta y vehículo daban cuenta, sin lugar a dudas, que estábamos entrando a un país distinto. No quiero decir que el hombre no fuera pobre, sino que, por lo menos, sus ingresos sustentan un mejor medio de trabajo y un mejor trato personal.
En este nuevo Taxi nos embarcamos hacia Brasil y la primera evidencia de nuestro coloso vecino fue el Puente Internacional, el mismo que, según me indicaron, fue financiado y construido íntegramente por Brasil (aun no he verificado esto). El puente es evidentemente de una arquitectura más compleja y estéticamente tiene una ventaja respecto de nuestros puentes nacionales.

Por otro lado, cruzando dicho puente, nos encontramos con el puesto fronterizo de Brasil, que es un bunker si lo comparamos con el de nuestro páis, tanto por su infraestructura como por las comodidades que ofrece a sus trabajadores: aire acondicionado, mayor amplitud de las oficinas, etc.

Al cabo de algo más de una hora de recorrido por una pista similar a la que recorre nuestro lado (lo que sí se nota es un nivel de deforestación notablemente mayor, acompañado de una importante actividad agropecuaria, lo que caracteriza, según me indicaron a todo el Estado de Acre), llegamos a la ciudad de Brasiléia, donde la diferencia no solo con Iñapari o Iberia, sino con la misma Puerto Maldonado, resulta negativa para nosotros; ojo que, esta ciudad es una ciudad menor en el estado de Acre.
En esa ciudad almorzamos en un Rodizio y ahí nos fuimos a la ciudad contigua de Epitaciolândia donde está el puesto de migraciones para la frontera con Bolivia. Sin lugar a dudas, la policía muestra su equipamiento desde el momento en que uno puede observar camionetas como las de la foto.
Brasiléia limita con Cobija, la capital del departamento del Pando. Y, por tanto, nos dirigimos inmediatamente a esa ciudad hacia allá. El taxista brasileño y un compatriota me informaron que se trata de una ciudad a la que podía accederse sin hacer los trámites de migraciones, cuestión que no debe tomarse en cuenta, pues sí hay la necesidad de hacerlo y si no se efectúan pueden verse envueltos en un problema desagradable, pues la policía boliviana (y esto lo digo muy a mi pesar, pues tengo mucho aprecio hacia Bolivia y a su proceso político histórico actual) es descaradamente corrupta. Lo que sí es cierto es que bolivianos y brasileños circulan libremente a través del puente internacional que une ambas ciudades sobre el Río Acre.
En la ciudad de Cobija, ciudad que es Zona Franca y que, por tanto, vive del comercio (mucho de él sustentado en el contrabando, presumo), uno se encuentra con muchos brasileños que acuden a esa ciudad para efectuar sus compras, diversas compras, pues les resulta mejores condiciones. Y los brasileros llegan, por ejemplo, desde la ciudad de Río Branco, a cuatro horas de distancia aproximadamente.
La Plaza en la que se ubica la Prefectura es pequeña, pero muy bonita y hace real la convivencia de lo moderno con lo antiguo.
Y no podía faltar el busto del libertador Simón Bolívar, a quien, en el Perú, no se le tiene mucho aprecio.

Contigua a la Prefectura está un templo, sencillo pero también de gran belleza y muy cuidado.



Las calles de la ciudad de Cobija tienen sus pistas adoquinadas con un material muy atractivo y, hasta donde pude observar, debe haber sectores de su población con muy buena situación económica, lo que permite apreciar construcciones terminadas o en proceso y sumamente modernas, sin que ello le quite su aire tradicional a esta ciudad. Otra vez Puerto Maldonado, como ciudad, muestra su rezago. Y con ello el rezago nacional, al menos en cuanto a descentralización se refiere.

Dos horas después, retornamos a a Brasiléia donde la hermmosura es la regla. Sus parques primorosos, sus casas coloridas y cuidadas. La modernidad salta a la vista. Y se trata de una ciudad pequeña.


Ciudad que, sin perjuicio de su pequeñez, cuenta con una autoridad legislativa, quizá por las ventajas del sistema federal en que se conforma ese país. ¿Podremos nuevamente empezar el debate respecto a si el Perú debe seguir siendo un Estado unitario o si convendría su organización federal más bien? ¿Hasta cuándo Lima seguirá siendo el Perú en demedro de los Perúes?

El templo que pude avistar, más bien, grande pero poco atractivo y hasta descuidado.


Pero el recorrido rápido por sus calles fue placentero por completo, con la garúa que acariciaba el rostros de los caminantes.


Y aunque sus recursos naturales o sus paisajes no seas los mejores, los aprovechan indudablemente. Me encontré con este malecón que da al Río Acre, cuidado meticulosamente, diseñado con arreglo al paisaje. Se trata solamente de ponerle color a la obra humana para que no desencaje de lo natural y aprovechar esos recursos permite también generar riqueza en la propia ciudad. ¿Qué sucedió con El Embarcadero en Puerto Maldonado que, sin lugar a dudas, rsulta más amplio y espectacular, no solo por la edificación sino también por el paisaje?


Dejamos Brasiléia a las 18:00 horas (Perú) y llegamos a la frontera a las 19:15 horas. Otra vez los papeleos y de nuevo, en Iñapari, a tomar un Taxi nacional que nos lleve de retorno a Puerto Maldonado, adonde llegué a las 23:15 horas. Agotado pero muy contento, pues toda la experiencia valió la pena.
Al día siguiente, haciendo tiempo en la mañana pude conocer el embarcadero por el que se embarcan los muchos turistas que llegan para irse a los lodge. Resulta evidente que es solo un paso obligado, pero que no invita a quedarse por nada del mundo en él más tiempo del estrictamente necesario. Insisto, ¿qué sucedió con El Embarcadero? Absurdos incomprensibles.
Y a pesar de lo espectacular de nuestros paisajes. No se entiende, en serio que no. No lo entiendo.

Cosa distinta a la que pasa en Loreto, cuando el Amazonas se une con el Nanay, que genera un sector de turbulencia hidrográfica, la unión entre el Madre de Dios y el Tambopata, es pacífica, casi tenue. Y ese espectáculo natural tampoco se aprovecha, no se muestra.

viernes, 6 de febrero de 2009

Apu Ausangate


Otra vez llego a reclinarme ante ti, enorme mole de hielo, triste como tantas veces, aunque quizá más, pues va sucediendo lo que sucederá de todas maneras. Sin embargo, consciente de que hasta hoy vengo incumpliendo la visita que te debo desde el comienzo, te pido simplemente me nutras de la fuerza que te acompaña desde el principio. Y, si puedes, evitar que aquellas amenazas de la vida, de la naturaleza se hagan realidad.

martes, 29 de julio de 2008

A la Fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo

El 15 de julio, a las 10:30 horas, emprendemos viaje hacia la pequeña ciudad de Paucartambo, ubicada al noreste de la ciudad del Cusco. Existen dos posibles rutas, una por Huambutío y otra por Pisaq. Para este tramo de nuestra aventura, se han unido al equipo off road dos miembros más experimentados, Aída y Roberto, cada uno de 62 años. Recorremos la avenida de La Cultura, la cual atraviesa la ciudad y hacemos una breve parada en San Sebastián, a pedido de mi madre, devota del Señor de Exeomo. Continuamos, atravesando el distrito de San Jerónimo, luego Saylla y Oropesa, para luego llegar a la entrada hacia el pueblo de Huambutío, desde donde iniciaremos (por una carretera de tierra no en buen estado precisamente) el ascenso hacia el abra del Qelqaykunqa, para luego descender hacia Paucartambo.
La carretera que estamos recorriendo es angosta en el tramo que sube desde Huambutío y el ascenso es muy fuerte, presentándose paisajes hermosos y precipicios alucinantes. Desde lo alto se aprecia la serpiente sagrada que forma el río Vilcanota, que hasta no hace muchos años era un río límpido y poblado de truchas que atraían a pescadores de todo tipo. Hoy, lamentablemente, el río sagrado de los Inkas está contaminado por completo y, al menos en los sectores más afectados, la pesca deportiva ya no es un deporte atractivo. Las autoridades debieran tomar las medidas necesarias —previo estudio serio— para resolver este problema y no perder uno de los atractivos mayores del Cusco, tanto para nativos como para foráneos.

El trayecto es tranquilo, pero bastante accidentado y en esta época en particular es muy transitado, lo que trae complicaciones adicionales, pues nos encontramos en época de secas y, por tanto, el polvo que levantan los vehículos con su movimiento dificulta la visibilidad, a veces a nivel cero. Es más, el tránsito de vehículos de transporte público y de carga hace muy pesado el trayecto, pues no es sencillo adelantarlos. Además, la cantidad de tierra suelta que hay en la carretera hace que los vehículos terminen cubiertos por completo de esta tierra. Es más, hay que tener mucho cuidado, pues la tierra suelta hace que las llantas patinen si se imprime más velocidad de la adecuada; por ello, es recomendable reducir la presión de las llantas.
Al cabo de dos horas de ruta, se inicia el descenso a la ciudad de Paucartambo, de la que uno se despide con el verso del huayno de Los Campesinos, "Paucartambo, Paucartambo, ay, te dejo mis recuerdos, kutimunaykama". Es más, Mamacha Carmen, con tu bendición esperamos volver el próximo año:
Kayna wata, muyuqmasiy
maymi kuna kaypikanchu

Es día 15 y desde el medio día las diferentes comparsas han empezado a hacer su entrada a la Fiesta, para saludar a la Mamacha Carmen. Son dieciocho danzas en todal, de las que pueden destacarse, las siguientes:
  1. Qapaq Qolla
  2. Qapaq Chunchu
  3. Qapaq Negro
  4. K’achampa
  5. Waka waka
  6. Saqra
  7. Contradanza
  8. Q’oyacha
  9. Wayra, Siklla o Doctorcitos
  10. Auqa Chileno
  11. Majeño
  12. Chukchu
  13. Panadero
  14. Dansaq
  15. Chunchacha
  16. Negrillos
  17. Pauqartampus
  18. Canchi
Debe agregarse a los Maqt'as, que no constituyen una danza en sí misma, sino que acompañan, como bufones, a cada una de las danzas antes mencionadas.
Los planes iniciales de esta aventura incluían el ingreso, por esa misma ruta, hacia la selva cusqueña de Qosñipata (Pilcopata y hasta Shintuya), pero esto se tuvo que dejar de lado por cuestiones ajenas a nuestra voluntad y que afectaron el corazón mismo del equipo. De ese modo, tampoco pudimos llegar a Tres Cruces.
La fiesta de la Virgen dura los días 15, 16 y 17 de julio, tiempo durante el cual se vive un ambiente de religiosa algarabía, en el que se distinguen como compartimentos estancos, el culto a la Mamacha, pero también el culto a la vida. He hecho un análisis sobre el particular en el blog Crío de la Niebla.
El día 18 iniciamos el retorno a las 11:00 horas, tomando, esta vez, la ruta de Pisaq, pasando por el pueblo de Colquepata. Esta ruta es igualmente afirmada y es similar, aunque se aprecian paisajes más diversos e interesantes. Por ejemplo, es posible apreciar al Apu mayor del Cusco, el Ausangate, majestuoso y tutelando nuestro paso. La altura a la que se atraviesa es considerable y, claro, el paisaje es de Puna, pudiendo observarse zonas en que habrían los denominados "bosques de piedra", siempre rodeados del ichu. El clima es frío a pesar del sol radiante que nos acompaña toda la ruta.
Cuando se llega a la población de Colquepata, nos encontramos con un pueblo pequeño, pero que cuenta, entre sus atractivos, con un templo muy bonito. Nuestro puma negro trepo ágil todas esas cuestas. La tierra de los terrenos por los que atraviesa esta carretera son menos sueltos que la carretera más conocida, lo que permite una mejor visibilidad y hasta estabilidad durante el trayecto.
Al cabo de dos horas iniciamos el descenso hacia Pisaq, desde donde encontramos la carretera asfaltada con la consiguiente comodidad que proporciona este material vial.
Es interesante hacerel viaje a Paucartambo utilizando ambas rutas pues se puede apreciar la diversidad (a pesar de su aparentre homogenidad) de los territorios que constituyen la denominada "Sierra", lo que nos permitirá tener una mirada más rica de esos paisajes y realidades.
Lo que sí resulta innegable es que, a pesar del crecimiento macroeconómico sostenido que viene mostrando el país, la pobreza se respira como el polvo en esa región sur andina.

miércoles, 23 de julio de 2008

Viaje Lima Cusco

Salimos de Lima el domingo 13 de julio a las 6 de la mañana (una hora después de la prevista), la camioneta con el tanque lleno de petroleo y el equipo off road en pleno: Nayra (dos años y medio), Damir (6 años), Tatiana (36 años) y quien escribe (38 años). Gracias al ingenio y a la meticulosidad de Roberto Latorre Sivirichi, mi padre, contábamos con un cuadro que nos permitió tener el registro pormenorizado del trayecto. Claro, debe tomarse en cuenta que las distancias que señalo son, por lo general, las que me indicaba el kilometraje de la camioneta y no el kilometraje externo.
La primera parte del trayecto, en la ruta Lima Cusco, es la de las conocidas "playas del sur", tramo en el que nos encontramos los primeros peajes en Lurín (S/. 3,00) y Chilca (S/. 11,00). A las 7 de la mañana estábamos ya en Bujama, donde termina la autopista con carriles independientes de ida y de vuelta, y, a las 7:30, en Cañete. A las 8 de la mañana llegábamos a Chincha, situada en el kilómetro 200, donde nos encontramos el tercer peaje (S/. 11,00). Vaya que tres peajes en esa distancia no parece muy técnico ni adecuado, sin negar que el estado de la pista es muy bueno, al igual que la señalización.

Una hora y media después (9:30) atravesábamos Ica, ciudad ubicada en el kilómetro 277 y previo paso por el peaje ubicado en el kilómetro 275 (S/. 5,50). Hay que señalar que desde Pisco e incluyendo la ciudad de Ica, las huellas dejadas por el terremoto del año 2007, aun marcan profundamente esos lugares, pues se puede observar muchos inmuebles derruidos. Hay mucho trabajo de reconstrucción pendiente.
Íbamos acercándonos a nuestro primer punto de destino, la ciudad de Nazca. La ciudad de Palpa está ubicada en el kilómetro 402 y, para llegar a ella, hay que atravesar un serpentín con pronunciadas bajadas y subidas. Llegamos a Nazca (ubicada en el kilómetro 450) a las 11 de la mañana, previa parada en el peaje (S/. 7,50).

Viajar con niños es una experiencia muy bonita, pero al mismo tiempo más complicada y hay que estar preparado para ello. Felizmente, Tatiana tiene mucha experiencia en el trabajo con niños y eso nos permite tenerlos distraídos, sobre la base de juegos o pequeños distractores como caramelos, frutas, etcétera. Pero un trayecto de cinco horas (sin dejar de tomar en cuenta las pequeñas paradas en el intermedio) es ya un tramo considerable que agota a cualquier pequeño y, por ello, decidimos almorzar en Nazca, aunque no fue la mejor de las experiencias, pues el restaurante que encontramos no inspiraba, precisamente, confianza respecto a la higiene y buenas prácticas en la preparación de los alimentos.

Tramo Nazca-Puquio-Chalhuanca

Debe tomarse en cuenta que hasta Nazca es la parte más simple de la ruta, pues es a partir de ese punto que se inicia el ascenso hacia el Cusco, atravesando las regiones naturales Yunga, Qeshwa y Puna. De Nazca partimos a las 13:00 horas, previo recargue de petróleo (tomar nota de que a lo largo del trayecto se encuentran grifos, pero en ellos solo se ofrece, mayormente, petroleo y gasolinas de 84 y 90 octanos). Unos 15 kilómetros después del desvío de Nazca hacia Puquio, se inicia el fuerte ascenso hacia Pampa Galeras, debiendo sortear para ello la denominada "Cuesta del Borracho", que es una subida con una serie de zig-zag, de curvas y contracurvas cerradas y ,muy pronunciadas, además de la "Cuesta de Toro Muerto". Este trecho es realmente complicado, más si se viaja con niños, pues la recurrencia de las curvas hace que sea muy factible que se sientan los síntomas del conocido "mareo" (que se confunde con el soroche, males, si se quiere, completamente diferentes), además del mal estado de la carretera. Para ello, tomando en cuenta las experiencias pasadas y previa consulta con el pediatra, hicimos que los pequeños tomaran la dosis correspondiente de Gravol cada 8 horas, aunque para la subida hacia Puquio adelantamos la toma. Además, en este tramo hay que tener mucho cuidado con los buses y camiones que bajan, pues no tienen miramientos para invadir el carril contrario.


Pues bien, luego de ese fuerte ascenso, llegamos hacias las 15 horas (omitimos el registro de este dato importante) a Pampa Galeras (ubicada aproximadamente en el kilómetro 531), un altiplano que es atravesado por la carretera en unos 21 kilómetros y que ofrece a los viajantes un espéctaculo realmente hermoso: manadas de vicuñas rumiando los pastos y el ichu que la naturaleza les ofrece y, prácticamente, sin incomodarse por la presencia de los extraños. Claro es una zona de reserva natural y ecológica en la que es poco probable que los cazadores furtivos puedan matar a estos animales para sacar provecho de su lana u otro fin, pues podrían ser descubiertos con cierta facilidad, a pesar de que no hay una vigilancia permanente. Uno puede ver a estos animales a distancias cortísimas, a penas unos pocos metros y si va con mucho cuidado, ´puede aproximarse casi hasta tocar a esos animalitos. En Pampa Galeras estuvimos cerca de una hora, para luego llegar a Lucanas (kilómetro 580) a las 16:00 horas, previo paso por el peaje (S/. 3,90) que se levanta como punzante ironía, pues el estado de la carretera entre Nazca y Puquio es muy malo, salvo algunos tramos excepcionales. Esta situación llama a realizar una necesaria reflexión, pues este tramo atraviesa el departamento (Ayacucho) en el que la guerra política se desarrolló con mayor virulencia, no obstante parece que no se toma las medidas para integrarlo al país. Ahora bien, se me indicó que el concesionario de esta vía iniciaría las obras el 15 de agosto venidero.
Llegamos a Puquio (kilómetro 607) cerca a las 17:00 horas y aunque paramos un rato, decidimos continuar hasta Chalhuanca, a donde nos enrumbamos a las 17:23 horas. Y es que queríamos ganar un trecho más del camino, sin dejar de indicar que la pequeña ciudad de Puquio no ofrece mayor atractivo, pues incluso, desde la distancia, se muestra como una ciudad gris (por el color de sus techos de calamina).
La carretera que va desde Puquio hasta Chalhuanca está en buenas condiciones de mantenimiento y señalización. Este trayecto, a partir de las 18:00 horas lo hicimos acompañados de la oscuridad. Nos cruzamos en el camino, con Pampamarca (kilómetro 715), una nueva planicie en la que es posible acelerar un poco más y luego Cotaruse (kilómetro 775), previo paso por el peaje (S/. 3,90) en el kilómetro 765. Finalmente, llegamos a Chalhuanca (kilómetro 796) a las 20:30 horas y, de inmediato, buscamos un hotel en el que pasar la noche. La oferta no es la mejor y los precios son, en comparación con la calidad de los servicios, altos.
Por otro lado, debo indicar que en nuestro caso, la decisión que tomamos en Puquio de continuar hasta Chalhuanca nos costó el fuerte mareo que sufrió nuestro hijo mayor, pues antes de llegar a Chalhuanca tuvo nauseas y vomitó, lo que le generó gran malestar. Quizá habría sido mejor quedarse en Puquio, pero al final, las decisiones se tomaron en el momento y no queda otra que continuar. El sueño, para ello, es sumamente reparador, pese a la poca comodidad del hotel.
Chalhuanca-Abancay-Cusco
Al día siguiente, emprendemos viaje hacia Abancay a las 8:40 horas. Preferimos descansar un poco más y darles un respiro a los niños, pues la ruta hacia Abancay, ciudad encañonada, es particularmente pesada. En Paticruz nos encontramos con un nuevo peaje (S/ 3,90), ubicado en el kilómetro 867; son las 9:43 horas. Continuamos y a las 10:28 horas llegamos a la ciudad de Abancay, en el kilómetro 915. En esa ciudad que vimos desde la altura y a la que llegamos después de una larga bajada, paseamos un rato, distrayendo a los niños.
A las 11:30 horas, emprendimos la salida para Cusco, pasando por Saywite (kilómetro 965) a las 12:55 horas; en este pueblo existen restos arqueológicos que pueden visitarse. Posteriormente, llegamos a Curawasi (kilómetro 990) a las 13:30, donde nos quedamos a almorzar; este pueblo tiene un olor característico a anís, pues es un producto que se cultiva en grandes cantidades, a pesar de lo cual, cuando pedimos en el restaurante un mate de anís, nos trajeron uno, pero filtrante, como irónica paradoja; además, se encuentra linaza. Compramos bolsas de ambos productos y continuamos nuestra marcha hacia el ombligo del mundo a las 14:25 horas. A las 14:54 horas llegamos al Puente Cunyaq, que marca el límite de los departamentos de Apurímac y Cusco y que se encuentra en el kilómetro 1016.
La carretera está en buen estado y, en vista de que el trazo es menos accidentado, llegamos a la ciudad de Limatambo (kilómetro 1038) a las 15:14 horas; luego hay un nuevo peaje (S/. 3,90) en el kilómetro 1063, el último. En la Pampa de Anta nos dio alcance una comisión off road, con la que hicimos juntos el tramo faltante, llegando al Cusco en el kilómetro 1111.