martes, 29 de julio de 2008

A la Fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo

El 15 de julio, a las 10:30 horas, emprendemos viaje hacia la pequeña ciudad de Paucartambo, ubicada al noreste de la ciudad del Cusco. Existen dos posibles rutas, una por Huambutío y otra por Pisaq. Para este tramo de nuestra aventura, se han unido al equipo off road dos miembros más experimentados, Aída y Roberto, cada uno de 62 años. Recorremos la avenida de La Cultura, la cual atraviesa la ciudad y hacemos una breve parada en San Sebastián, a pedido de mi madre, devota del Señor de Exeomo. Continuamos, atravesando el distrito de San Jerónimo, luego Saylla y Oropesa, para luego llegar a la entrada hacia el pueblo de Huambutío, desde donde iniciaremos (por una carretera de tierra no en buen estado precisamente) el ascenso hacia el abra del Qelqaykunqa, para luego descender hacia Paucartambo.
La carretera que estamos recorriendo es angosta en el tramo que sube desde Huambutío y el ascenso es muy fuerte, presentándose paisajes hermosos y precipicios alucinantes. Desde lo alto se aprecia la serpiente sagrada que forma el río Vilcanota, que hasta no hace muchos años era un río límpido y poblado de truchas que atraían a pescadores de todo tipo. Hoy, lamentablemente, el río sagrado de los Inkas está contaminado por completo y, al menos en los sectores más afectados, la pesca deportiva ya no es un deporte atractivo. Las autoridades debieran tomar las medidas necesarias —previo estudio serio— para resolver este problema y no perder uno de los atractivos mayores del Cusco, tanto para nativos como para foráneos.

El trayecto es tranquilo, pero bastante accidentado y en esta época en particular es muy transitado, lo que trae complicaciones adicionales, pues nos encontramos en época de secas y, por tanto, el polvo que levantan los vehículos con su movimiento dificulta la visibilidad, a veces a nivel cero. Es más, el tránsito de vehículos de transporte público y de carga hace muy pesado el trayecto, pues no es sencillo adelantarlos. Además, la cantidad de tierra suelta que hay en la carretera hace que los vehículos terminen cubiertos por completo de esta tierra. Es más, hay que tener mucho cuidado, pues la tierra suelta hace que las llantas patinen si se imprime más velocidad de la adecuada; por ello, es recomendable reducir la presión de las llantas.
Al cabo de dos horas de ruta, se inicia el descenso a la ciudad de Paucartambo, de la que uno se despide con el verso del huayno de Los Campesinos, "Paucartambo, Paucartambo, ay, te dejo mis recuerdos, kutimunaykama". Es más, Mamacha Carmen, con tu bendición esperamos volver el próximo año:
Kayna wata, muyuqmasiy
maymi kuna kaypikanchu

Es día 15 y desde el medio día las diferentes comparsas han empezado a hacer su entrada a la Fiesta, para saludar a la Mamacha Carmen. Son dieciocho danzas en todal, de las que pueden destacarse, las siguientes:
  1. Qapaq Qolla
  2. Qapaq Chunchu
  3. Qapaq Negro
  4. K’achampa
  5. Waka waka
  6. Saqra
  7. Contradanza
  8. Q’oyacha
  9. Wayra, Siklla o Doctorcitos
  10. Auqa Chileno
  11. Majeño
  12. Chukchu
  13. Panadero
  14. Dansaq
  15. Chunchacha
  16. Negrillos
  17. Pauqartampus
  18. Canchi
Debe agregarse a los Maqt'as, que no constituyen una danza en sí misma, sino que acompañan, como bufones, a cada una de las danzas antes mencionadas.
Los planes iniciales de esta aventura incluían el ingreso, por esa misma ruta, hacia la selva cusqueña de Qosñipata (Pilcopata y hasta Shintuya), pero esto se tuvo que dejar de lado por cuestiones ajenas a nuestra voluntad y que afectaron el corazón mismo del equipo. De ese modo, tampoco pudimos llegar a Tres Cruces.
La fiesta de la Virgen dura los días 15, 16 y 17 de julio, tiempo durante el cual se vive un ambiente de religiosa algarabía, en el que se distinguen como compartimentos estancos, el culto a la Mamacha, pero también el culto a la vida. He hecho un análisis sobre el particular en el blog Crío de la Niebla.
El día 18 iniciamos el retorno a las 11:00 horas, tomando, esta vez, la ruta de Pisaq, pasando por el pueblo de Colquepata. Esta ruta es igualmente afirmada y es similar, aunque se aprecian paisajes más diversos e interesantes. Por ejemplo, es posible apreciar al Apu mayor del Cusco, el Ausangate, majestuoso y tutelando nuestro paso. La altura a la que se atraviesa es considerable y, claro, el paisaje es de Puna, pudiendo observarse zonas en que habrían los denominados "bosques de piedra", siempre rodeados del ichu. El clima es frío a pesar del sol radiante que nos acompaña toda la ruta.
Cuando se llega a la población de Colquepata, nos encontramos con un pueblo pequeño, pero que cuenta, entre sus atractivos, con un templo muy bonito. Nuestro puma negro trepo ágil todas esas cuestas. La tierra de los terrenos por los que atraviesa esta carretera son menos sueltos que la carretera más conocida, lo que permite una mejor visibilidad y hasta estabilidad durante el trayecto.
Al cabo de dos horas iniciamos el descenso hacia Pisaq, desde donde encontramos la carretera asfaltada con la consiguiente comodidad que proporciona este material vial.
Es interesante hacerel viaje a Paucartambo utilizando ambas rutas pues se puede apreciar la diversidad (a pesar de su aparentre homogenidad) de los territorios que constituyen la denominada "Sierra", lo que nos permitirá tener una mirada más rica de esos paisajes y realidades.
Lo que sí resulta innegable es que, a pesar del crecimiento macroeconómico sostenido que viene mostrando el país, la pobreza se respira como el polvo en esa región sur andina.

miércoles, 23 de julio de 2008

Viaje Lima Cusco

Salimos de Lima el domingo 13 de julio a las 6 de la mañana (una hora después de la prevista), la camioneta con el tanque lleno de petroleo y el equipo off road en pleno: Nayra (dos años y medio), Damir (6 años), Tatiana (36 años) y quien escribe (38 años). Gracias al ingenio y a la meticulosidad de Roberto Latorre Sivirichi, mi padre, contábamos con un cuadro que nos permitió tener el registro pormenorizado del trayecto. Claro, debe tomarse en cuenta que las distancias que señalo son, por lo general, las que me indicaba el kilometraje de la camioneta y no el kilometraje externo.
La primera parte del trayecto, en la ruta Lima Cusco, es la de las conocidas "playas del sur", tramo en el que nos encontramos los primeros peajes en Lurín (S/. 3,00) y Chilca (S/. 11,00). A las 7 de la mañana estábamos ya en Bujama, donde termina la autopista con carriles independientes de ida y de vuelta, y, a las 7:30, en Cañete. A las 8 de la mañana llegábamos a Chincha, situada en el kilómetro 200, donde nos encontramos el tercer peaje (S/. 11,00). Vaya que tres peajes en esa distancia no parece muy técnico ni adecuado, sin negar que el estado de la pista es muy bueno, al igual que la señalización.

Una hora y media después (9:30) atravesábamos Ica, ciudad ubicada en el kilómetro 277 y previo paso por el peaje ubicado en el kilómetro 275 (S/. 5,50). Hay que señalar que desde Pisco e incluyendo la ciudad de Ica, las huellas dejadas por el terremoto del año 2007, aun marcan profundamente esos lugares, pues se puede observar muchos inmuebles derruidos. Hay mucho trabajo de reconstrucción pendiente.
Íbamos acercándonos a nuestro primer punto de destino, la ciudad de Nazca. La ciudad de Palpa está ubicada en el kilómetro 402 y, para llegar a ella, hay que atravesar un serpentín con pronunciadas bajadas y subidas. Llegamos a Nazca (ubicada en el kilómetro 450) a las 11 de la mañana, previa parada en el peaje (S/. 7,50).

Viajar con niños es una experiencia muy bonita, pero al mismo tiempo más complicada y hay que estar preparado para ello. Felizmente, Tatiana tiene mucha experiencia en el trabajo con niños y eso nos permite tenerlos distraídos, sobre la base de juegos o pequeños distractores como caramelos, frutas, etcétera. Pero un trayecto de cinco horas (sin dejar de tomar en cuenta las pequeñas paradas en el intermedio) es ya un tramo considerable que agota a cualquier pequeño y, por ello, decidimos almorzar en Nazca, aunque no fue la mejor de las experiencias, pues el restaurante que encontramos no inspiraba, precisamente, confianza respecto a la higiene y buenas prácticas en la preparación de los alimentos.

Tramo Nazca-Puquio-Chalhuanca

Debe tomarse en cuenta que hasta Nazca es la parte más simple de la ruta, pues es a partir de ese punto que se inicia el ascenso hacia el Cusco, atravesando las regiones naturales Yunga, Qeshwa y Puna. De Nazca partimos a las 13:00 horas, previo recargue de petróleo (tomar nota de que a lo largo del trayecto se encuentran grifos, pero en ellos solo se ofrece, mayormente, petroleo y gasolinas de 84 y 90 octanos). Unos 15 kilómetros después del desvío de Nazca hacia Puquio, se inicia el fuerte ascenso hacia Pampa Galeras, debiendo sortear para ello la denominada "Cuesta del Borracho", que es una subida con una serie de zig-zag, de curvas y contracurvas cerradas y ,muy pronunciadas, además de la "Cuesta de Toro Muerto". Este trecho es realmente complicado, más si se viaja con niños, pues la recurrencia de las curvas hace que sea muy factible que se sientan los síntomas del conocido "mareo" (que se confunde con el soroche, males, si se quiere, completamente diferentes), además del mal estado de la carretera. Para ello, tomando en cuenta las experiencias pasadas y previa consulta con el pediatra, hicimos que los pequeños tomaran la dosis correspondiente de Gravol cada 8 horas, aunque para la subida hacia Puquio adelantamos la toma. Además, en este tramo hay que tener mucho cuidado con los buses y camiones que bajan, pues no tienen miramientos para invadir el carril contrario.


Pues bien, luego de ese fuerte ascenso, llegamos hacias las 15 horas (omitimos el registro de este dato importante) a Pampa Galeras (ubicada aproximadamente en el kilómetro 531), un altiplano que es atravesado por la carretera en unos 21 kilómetros y que ofrece a los viajantes un espéctaculo realmente hermoso: manadas de vicuñas rumiando los pastos y el ichu que la naturaleza les ofrece y, prácticamente, sin incomodarse por la presencia de los extraños. Claro es una zona de reserva natural y ecológica en la que es poco probable que los cazadores furtivos puedan matar a estos animales para sacar provecho de su lana u otro fin, pues podrían ser descubiertos con cierta facilidad, a pesar de que no hay una vigilancia permanente. Uno puede ver a estos animales a distancias cortísimas, a penas unos pocos metros y si va con mucho cuidado, ´puede aproximarse casi hasta tocar a esos animalitos. En Pampa Galeras estuvimos cerca de una hora, para luego llegar a Lucanas (kilómetro 580) a las 16:00 horas, previo paso por el peaje (S/. 3,90) que se levanta como punzante ironía, pues el estado de la carretera entre Nazca y Puquio es muy malo, salvo algunos tramos excepcionales. Esta situación llama a realizar una necesaria reflexión, pues este tramo atraviesa el departamento (Ayacucho) en el que la guerra política se desarrolló con mayor virulencia, no obstante parece que no se toma las medidas para integrarlo al país. Ahora bien, se me indicó que el concesionario de esta vía iniciaría las obras el 15 de agosto venidero.
Llegamos a Puquio (kilómetro 607) cerca a las 17:00 horas y aunque paramos un rato, decidimos continuar hasta Chalhuanca, a donde nos enrumbamos a las 17:23 horas. Y es que queríamos ganar un trecho más del camino, sin dejar de indicar que la pequeña ciudad de Puquio no ofrece mayor atractivo, pues incluso, desde la distancia, se muestra como una ciudad gris (por el color de sus techos de calamina).
La carretera que va desde Puquio hasta Chalhuanca está en buenas condiciones de mantenimiento y señalización. Este trayecto, a partir de las 18:00 horas lo hicimos acompañados de la oscuridad. Nos cruzamos en el camino, con Pampamarca (kilómetro 715), una nueva planicie en la que es posible acelerar un poco más y luego Cotaruse (kilómetro 775), previo paso por el peaje (S/. 3,90) en el kilómetro 765. Finalmente, llegamos a Chalhuanca (kilómetro 796) a las 20:30 horas y, de inmediato, buscamos un hotel en el que pasar la noche. La oferta no es la mejor y los precios son, en comparación con la calidad de los servicios, altos.
Por otro lado, debo indicar que en nuestro caso, la decisión que tomamos en Puquio de continuar hasta Chalhuanca nos costó el fuerte mareo que sufrió nuestro hijo mayor, pues antes de llegar a Chalhuanca tuvo nauseas y vomitó, lo que le generó gran malestar. Quizá habría sido mejor quedarse en Puquio, pero al final, las decisiones se tomaron en el momento y no queda otra que continuar. El sueño, para ello, es sumamente reparador, pese a la poca comodidad del hotel.
Chalhuanca-Abancay-Cusco
Al día siguiente, emprendemos viaje hacia Abancay a las 8:40 horas. Preferimos descansar un poco más y darles un respiro a los niños, pues la ruta hacia Abancay, ciudad encañonada, es particularmente pesada. En Paticruz nos encontramos con un nuevo peaje (S/ 3,90), ubicado en el kilómetro 867; son las 9:43 horas. Continuamos y a las 10:28 horas llegamos a la ciudad de Abancay, en el kilómetro 915. En esa ciudad que vimos desde la altura y a la que llegamos después de una larga bajada, paseamos un rato, distrayendo a los niños.
A las 11:30 horas, emprendimos la salida para Cusco, pasando por Saywite (kilómetro 965) a las 12:55 horas; en este pueblo existen restos arqueológicos que pueden visitarse. Posteriormente, llegamos a Curawasi (kilómetro 990) a las 13:30, donde nos quedamos a almorzar; este pueblo tiene un olor característico a anís, pues es un producto que se cultiva en grandes cantidades, a pesar de lo cual, cuando pedimos en el restaurante un mate de anís, nos trajeron uno, pero filtrante, como irónica paradoja; además, se encuentra linaza. Compramos bolsas de ambos productos y continuamos nuestra marcha hacia el ombligo del mundo a las 14:25 horas. A las 14:54 horas llegamos al Puente Cunyaq, que marca el límite de los departamentos de Apurímac y Cusco y que se encuentra en el kilómetro 1016.
La carretera está en buen estado y, en vista de que el trazo es menos accidentado, llegamos a la ciudad de Limatambo (kilómetro 1038) a las 15:14 horas; luego hay un nuevo peaje (S/. 3,90) en el kilómetro 1063, el último. En la Pampa de Anta nos dio alcance una comisión off road, con la que hicimos juntos el tramo faltante, llegando al Cusco en el kilómetro 1111.

domingo, 20 de julio de 2008

Una nueva aventura y peregrinaje

Los planes se empezaron a tejer a comienzos de este año y la idea era, aprovechar unos quince días en el mes de julio, para viajar de Lima al Cusco, por la ruta de Nazca, Puquio, Chalhuanca y Abancay. De ahí asistiríamos a la fiesta de la Mamacha Carmen en Paucartambo, para luego emprender la ruta hacia Pilcopata, para llegar hasta Shintuya, previo paso por el observatorio de Tres Cruces.

La aventura, planificada en principio como un ejercicio hedonista, devino en un peregrinaje al santuario de la Virgen del Carmen de Paucartambo, pidiéndole la concesión de dos milagros. Todo concluyó en Paucartambo y de ahí se emprendió el retorno a la gris Lima en la mitad del tiempo previsto.

No obstante, el mismo vivir es una aventura y aquí empiezo la narración de este peregrinar reciente.

lunes, 19 de mayo de 2008

Un video bastante antiguo de Machupicchu

Este vídeo lo encontré en el blog de Marco Sifuentes, y me parece realmente un material de primer nivel. Quisiera destacar, ante todo, el hecho de que ya en 1950 se trabajaba en colores. Llama la atención, sin embargo, al menos para un neófito en materia cinematográfica, que no haya audio (lo que habría ayudado mucho más a entender ese tiempo).

Por otro lado, ya como cusqueño, me parece increíble las muchas semejanzas de aquellos paisajes y gentes filmados con los actuales. Obviamente, la ciudad del Cusco era muy pequeña en comparación a lo que es hoy. Al mismo tiempo, los mercados de San Pedro y Wanchaq siguen, en lo esencial, siendo los mismos. Y la gente es, salvo en la vestimenta de las personas de raigambre más urbana (en las que es notoria la diferencia de moda en el vestido de esa época si comparamos la vestimenta actual), prácticamente la misma, especialmente en las mujeres de clara extracción rural (las campesinas o, como hoy las denominan en un claro triunfo del argot de los mochileros argentinos y sus émulo limeños, las "mamachas"). Es más, hasta la comida parece ser muy parecida, se aprecia un rico lechón y el toqto, entre la diversidad gastronómica.

Ya en ruta, nos encontramos que el vídeo se hizo en la época estival o de secas, pues los campos se aprecian amarillentos y los ríos cristalinos, con ese color verde que aun hoy se puede apreciar, aunque mucho menos diáfanos, por la misma contaminación (es el caso del Vilcanota).

Por otro lado, es una pena que no se haya documentado más que de lejos al pueblo de Aguas Calientes, pues hubiera sido una muestra del gran cambio que se ha vivido en ese lugar.

Finalmente, ya en Machupicchu las imágenes son gratas y generan una nostalgia de nuestro pasado (aunque no lo haya vivido), pues se aprecian las ruinas aun previas a muchas de las excavaciones y en un estado mucho más "natural". Es más, el Intiwatana se puede ver aun íntegro, mucho antes de que una empresa de bebidas gaseosas generara un daño irreparable a su estructura, ante la casi complicidad de las autoridades peruanas.

Bueno, creo que en casos como este las palabras están de sobra, pese a lo cual he querido compartir con ustedes (si es que hay alguien al otro lado) unas ideas y emociones que me provocó este video.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La selva central


Cinco y treinta de la mañana y la bruma de Lima se empieza a diluir. Las cosas —todo el equipaje que cargamos, fundamentalmente para comodidad de los niños— están listas y solo queda hacer las revisiones de rigor a la camioneta: presión en las llantas, niveles de aceite y demás líquidos. Inmediatamente hay que iniciar el periplo hacia Ticlio, donde espero llegar en no más de dos horas, tomando en cuenta que, se supone, a esta hora no hay mucho tráfico.


Rápidamente atravesamos Chaclacayo, Chosica, Ricardo Palma, San Mateo, Casapalca y llegamos —más del tiempo previsto— al abra de Anticona, ubicada a 4818 metros sobre el nivel del mar, donde el escenario se muestra adornado por nieve que a la vuelta habrá desaparecido. Ya el mayor de mis hijos ha sufrido los estragos del viaje (mareo), aunque no los del soroche con los que se confunde cualquier malestar sentido por personas de la costa cuando irrumpen en los Andes (el mareo, más bien las náuseas que lo caracterizan, se previene, con un medicamento conocido). Seguimos, sin pausa, hacia La Oroya, donde nos detendremos a comer algo y beber un café caliente. Hasta ese momento, la carretera se ha presentado casi impecable, aunque, claro está, con la ya conocida estrechez para el tráfico que soporta; pero, desde esa pequeña urbe minera hasta la ciudad de Tarma e incluso ya un poco más allá, rumbo a San Ramón, la carretera asfaltada deviene en una lamentable vía que hace añorar una carretera simplemente afirmada —esta es una primera invitación a reflexionar respecto al abandono de los pueblos del ande, a pesar de las riquezas que siguen encontrándose en las entrañas de esos dioses tutelares.

En Tarma, más allá de la molestia por el lamentable estado de la carretera, se encuentra una ciudad de atractivos paisajes, ciudad enclavada en medio de los andes centrales y conocida por una importante producción de flores. Esta ciudad está rodeada de paisajes coloridos con gran presencia de andenes. En caso de que se decida tomar esta ciudad como objetivo de un viaje, creo que se encontrará suficientes atractivos por conocer, empezando por el solo hecho de disfrutar la belleza de esos parajes.

Pero, en nuestro caso, tenemos que continuar, pues vamos retrasados. Habíamos previsto que el arribo a la ciudad de San Ramón lo haríamos luego de cinco horas de viaje. Imposible. Los niños necesitan un ritmo más pausado y no se les puede negar las paradas para estirar las piernas, para descansar de la rigidez a que obliga la permanencia en el vehículo, para desfogar el mareo persistente. La carretera, a medida que nos alejamos de Tarma y nos acercamos a San Ramón, va mejorando y el asfaltado se vuelve a hacer digno de esa caracterización.

A esa hora —aproximadamente, las 10:00— se hace evidente el descenso a través de la cordillera que cae como una filuda cuchilla. Y el cambio del paisaje me recuerda el texto de John Murra respecto al control vertical de pisos ecológicos en los andes prehispánicos: realmente el conocimiento de esa variedad constituye nuestra mayor riqueza y, lamentablemente, eso se perdió en gran medida con la conquista y, aún hoy, no hemos podido, como país, como región, recuperar ese acervo cultural milenario. A lo largo de la ruta nos hemos encontrado una serie de túneles, pero los que vamos atravesando en el tramo entre Tarma y San Ramón, simulan grandes taladros que atraviesan las sólidas entrañas de esas montañas y, cada vez que se ingresa a uno de ellos, a la salida el paisaje que nos recibe puede ser bastante distinto al anterior.

De pronto, un manto verde cubre los agrestes cerros que vamos descendiendo y llegamos a una pequeña población en la que sus habitantes nos ofrecen granadillas (realmente sabrosas) y truchas recién "cazadas", según dicen ellos mismos. Es claro que ya estamos en plena ceja de selva o selva alta y el aroma del ambiente nos embelesa con una bienvenida que deleita todos los sentidos. El calor empieza a sentirse y, claro, el sol refulge, como un antiguo emperador que domina todos estos confines con los sables infinitos de su luz. La llegada a San Ramón la hemos logrado en siete horas, finalmente, tiempo que, a pesar de todo, resulta razonable. La ciudad es pequeña y, desde luego, ni remotamente encontraremos las comodidades que se dejaron en Lima, la única metropoli en el país. Sin embargo, hemos llegado hasta aquí, justamente escapando de todo lo que es la estresante modernidad de la capital. Nos instalamos en el Hotel El Refugio, el mismo que resulta cómodo, con un ambiente que permite al turista vivir la ilusión de estar en medio de la selva: grandes árboles, abundante vegetación, algunos animales enjaulados. Asimismo, en la habitación hay un televisor con cable, el mismo que satisfacerá las demandas urbanas de mis dos pequeños hijos y nos permitirán pequeños lapsos de silencio. Jueves pernoctaremos aquí en San Ramón y el viernes, al mediodía, enrumbaremos hacia Satipo; los padres hemos llegado a ese acuerdo autoritario, para disfrutar de la selva selva. El mayor de mis hijos protesta, pues él quiere quedarse a vivir en El Refugio. Le explicamos que allá estaremos en otro hotel, igual de bonito. En el Refugio hemos disfrutado de la piscina, que a pesar de la hora está muy templada. Y el calor aquí en San Ramón no es muy fuerte.


Pico Lorito, 47 años, 5280 metros

La vida parece ser un camino sinuoso hacia nosotros mismos. De alguna manera, buscamos volver al lugar donde fuimos felices. Y, en mi caso,...